miércoles, 25 de mayo de 2011

Aires

Yo no viajo, no me gusta, me marean los equipajes, me perturba hacer filas... No me gusta viajar y sin embargo, lo hago.
Fue el año pasado, en agosto, la primera vez que tomaría un avión para dirigirme al gran país del norte.
No sé si sentía miedo, era como curiosidad, que se podría sentir estar tan lejos de casa, eran dos simples semanas pero era algo.
Recuerdo que la noche anterior al viaje estaba en mi habitación con cúmulos de ropa tirada a mi alrededor, una pequeña maleta con un frágil cierre y yo, sentada en medio de todo preguntándome QUÉ es necesario para irse y qué no; mi ropa formaba cordilleras y mis zapatos uno que otro bache de carretera, las paredes blancas me recordaban a las nubes, las vería por tanto tiempo en este viaje...nunca dormí, pasé toda la noche hablando por teléfono en una de esas llamadas donde nadie quiere colgar.
Llegué al aeropuerto a las 5 de la mañana, el sol no se dignaba a aparecer y tenía frío, o quizás eran tan solo mis nervios...pasé toda la "tramitología" que debía pasar y listo estaba en la sala de espera a mi mayor terror, las alturas.
Me subí al avión, tomé mi asiento detrás del ala derecha y me até de manos, los asientos eran suaves aunque tiesos, el blanco de la estructura curva a la que estaba arrimada que poseía una ventana cubierta de plástico estaba fría y me hacía alejarme de ella y a la vez querer permanecer cerca a ella.
El espacio que tenían mis pies era poco sin embargo se empeñaban en bailar de un lado al otro, mi cabeza estaba muy distanciada del techo del cual salía una luz y un ráfaga de aire, estaba cómoda y no lo estaba.
Mi hermana iba sentada junto a mi pero ella iba dormida, yo solo tenía mi ventana a la cual ver para no temer o ver para seguir temiendo.
Al despegar pude ver la inmensidad de la ciudad, carros que a lo lejos parecían ser de juguetes, edificios alzados de cartón movidos por el viento, todo tan falso sabiendo que es verdadero.
Luego pasé a ver la inmensidad del mar, azul tan oscuro y por fragmentos claro, mucho como si una sábana de corales se extendiera debajo de ellos, probablemente lo hacían; en algunos casos divisaba cosas más extrañas, vi un crucero, parecía un patito de goma, vi cuba, parecía una goma de mascar embarrada en el piso.
El avión era grande, se disponían 9 hileras de asientos, divididas en columnas de 3, con un pasillo estrecho como cuando se quiere caminar por la metrovía y tropiezas con rodillas y demás objetos, así de complicado.
No me gusta la sensación que me dan los aviones porque me recuerdan a destino final 1 dónde el muchacho tiene la premonición y luego el avión explota. Este avión no era tan diferente excepto por el hecho de que no explotó, habían televisores donde pasaron shrek 3, lo cual me hacía pensar en casa, no es que vea mucho shrek en casa pero me la recordaba.
El baño del avión era un minúscula cuarto que cuando te introducías en él era como meterte en el closet de las escobas y demás, es pequeño y tiene tantas cosas además de la bendita luz de "Vuelva a su asiento" siempre encendida en rojo, uno no puede ir ni al baño tranquilo.
Lo que me gusta de los aviones es la gran alfombra que se extiende a todas partes, inclusive el baño, es suave y puedes recorrerla sin zapatos libremente, es como estar en casa y aún mejor, no tienes que limpiar nada.
Creo que en el fondo si me gustan los aviones, ese blanco pálido me recuerda a mi habitación y eso a las nubes, sí quizás si me gusten los aviones.

PD: no sé si cumplí la consigna, siéntanse libres de criticar ese hecho.

martes, 3 de mayo de 2011

Self Portrait

Se supone que debo describirme, ser sincera y describirme,
soy un ser humano (creo),
mi cuerpo funciona mediante un aparto respiratorio que me dice Inhala/Exhala,
eso hace que se oxigene la sangre que recorre mi cuerpo, esta gira por cada centímetro de mi ser como si fuera una gran autopista,
así funciona mi cuerpo, esta sangre hace que un conjunto de órganos ( que a simple vista parecen esponjas gigantes con vida) funcionen... Oxígeno, sangre, circulación, inhale, exhale; fácil.
Ahora que sabes como funciona la parte interna de mi cuerpo, puedo explicar la externa. Por fuera tengo un color blanco podría decirse, a veces creo que mi piel se ve como un flan de vainilla con poca vainilla, y bueno a veces también siento que mi cuerpo tiene la fragilidad y blandura del mismo por decirlo de una forma agradable, no, lamento decepcionarte, no soy perfecta. (GRAN JA)
Mi cuerpo no es solo piel, tiene cabello y vello de diferentes colores, todo mi cuerpo esta cubierto de vello pero muy poco gracias al paso hace miles de años de la era glaciar; mi cabeza por el contrario tiene cabellos largos que crecen desde un pequeñín folículo y llegan hasta mis hombros, así mismo con varios colores porque soy adicta a los tintes al parecer.
Bajo mi cabello aparece un rostro
con múltiples caras y a la vez una,
depende del día, del clima, del todo y a veces de nada
tengo dos cejas que brincan al vaivén de la tristeza, enojo, alegría o lo que se venga,
debajo de ellos un par de ojos de loca, sí, o eso dicen, a mi que más me da, no es como que pueda sacármelos, aunque a veces quisiera con eso de que tengo miopía y un topo ve más que yo.
Luego una nariz, pequeña, como una bolita, no me molesta, tampoco le saco provecho, a veces me da risa, sí, mi nariz me da risa;
finalmente una labios, el de arriba casi inexistente y de abajo ligeramente voluptuoso (nótese el ligeramente de manera remarcada).
A los lados de mi rostro hay dos orejas, grandes, para escucharte mejor.
¡Ah! Lo había olvidado, hay algunos lunares que marcan mi rostro, mis manos, mis piernas y así por otros lugares.
Por cierto, olvidaba que mi cuerpo tiene carácter, agradable a veces, menos en ocasiones repetidas. Ciertamente con poco que decir y a veces mucho que escuchar. Olvidaba que también tiene poco tiempo, por ende, ahora mismo se va.