
Lo conocí un día de enero, uno cualquiera, como si eso importase, lo vi, sentado con su traje de preso, con las cadenas en sus manos y pies, con su cara amoratada de golpes y sus ojos pequeños almendra que se detenían ante en el fin del escote en mi blusa. Que intrigante me parecía, no es como si antes no me viesen con morbo pero era distinto, no me causaba el asco acostumbrado, me excitaba.
Su juicio fue corto, no se presento la "víctima", debió ser una farsa puesto que este hombre no podría hacerle daño a nadie; sus grandes manos servían para acariciar pero no para estrangular.
Salió libre, sin cargos, sin récord policial, libre para ser acogido en mis brazos.
Al principio él me fue esquivo, creía que yo quería una entrevista o algo por el estilo, fue ahí cuando pasó, en un callejón a donde lo conduje y del cual él quería escapar, en un forcejeo porque él me mirase y se diera cuenta de quién soy, levantó su brazo con fuerza para acariciar mi rostro con gentileza, la brutalidad de su acción me tumbo al piso y en la caída hizo que mi blusa se desgarrara. El ante mí belleza no pudo resistirse, y se me echó encima haciéndome suya con la dulzura con la que un oso muerde a su presa, la cordialidad de un ladrón atacando a una anciana, con el amor de aquél que le da 30 puñaladas a su amante.
Yo que soy menuda y casi insignificante no podría resistirme a un hombre así, que con dureza me sostiene en el aire para hacerme sentir la reina del mundo, soy tan poderosa en sus brazos porque él es, quiéranlo o no un ente de poder, de temor, de caos, él es el dueño del mundo… (En la cárcel él es el dueño de todo).
Sus acciones tan solo despertaban mis sentidos, mi libido, mi amor, yo lo amo, amaba y amaré; ¿cómo no hacerlo? Ese hombre alto y fuerte, con anchos hombros y gruesa voz me hacía estremecer con cada embestida, con cada caricia de elefante, con cada mirada de crudeza.
Un día de tantos de esos, creo que ya eran en marzo, dentro del apartamento donde vivíamos, estaba yo acostada en el piso, atada (él me dejaba así para continuar el juego pero, yo jamás huiría, no de su lado). El no llego en todo ese día, yo tenía hambre pero esperé, a él no le gustaría si yo hiciera ruido o llamara a alguien del apartamento contiguo entonces me quedé en silencio y esperé horas y el no apareció, pasaron dos día y siguió sin aparecer, al tercer día el casero toco la puerta, gritó y no contesté; pasaron dos días más y como no podía moverme por mi ataduras hacía hecho mis necesidades encima de mí, el hedor llamó la atención de los vecinos e hizo que el casero llegara con la policía para tumbar la puerta. Un halo de luz se formó desde ese rectángulo y vi entrar a tres policías con sus mandíbulas caídas al verme, les rogué que no me llevaran que yo lo estaba esperando, que él llegaría, que él no iba a hacerme daño.
Amarlo no es fácil, él es algo especial, no cree que merezca ser amado pero yo lo hago. El me ama a su manera, con lascivas palabras, con sus abrazos que me desbaratan, con sus besos que me desarticulan, con sus caricias que me marcan, él es todo lo que yo quiero y él me quiere como todo lo que no necesita.
Amo a ese ser que me golpea, lo amo y mi doctor dice que no es amor, que las marcas en mi piel no son señales de dulzura sino de maldad, que no es gentileza haberme lanzado al suelo de un golpe y violado en un callejón, que sus besos no eran reflejos de cariño sino laceraciones con el fin de evidenciar que él había hecho esas marcas, que era su obra de arte, pero yo no le creo, aún lo visito en esa prisión, el saldrá libre pronto, yo no lo voy a acusar de nada porque todos se equivocan, el me ama, soy prueba viviente de ello.
Aquí estoy sin caerme a pedazos, esperando a que vuelva.
Me acordé de Blanquita en su poema Sumisión. La historia es de estuctura clásica, pero no sé porque sentí el final tan predecible desde que el personaje de esta historia está atado al suelo de su departamento. Hay un amor imposible, pero más que sentimiento encuentro una postura de victimaria en la voz de la narradora.
ResponderEliminarComo hiciste pedazos a mi historia ahora te haré pedazos la tuya. Venganza! Not really!
ResponderEliminarIniciemos:
"creía que yo quería" cacofonía! 3er párrafo!
Unas comas que hacen falta!
¿Una chica con el síndrome de Escotolmo quien se enamora de su verdugo por un desorden mental, una necesidad sexual? La narración me entretuvo, al final sentí que esta historia fue bastante más allá que las otras, ellos tienen sexo, brutal, pero sexo, los demás no; pero no decido si eso es algo bueno o no de tu escrito.
Me gusta ese juego: " la cordialidad de un ladrón atacando a una anciana", pero se repiten mucho, aliminar unos cuentos no estaría de más.