Yo no viajo, no me gusta, me marean los equipajes, me perturba hacer filas... No me gusta viajar y sin embargo, lo hago.
Fue el año pasado, en agosto, la primera vez que tomaría un avión para dirigirme al gran país del norte.
No sé si sentía miedo, era como curiosidad, que se podría sentir estar tan lejos de casa, eran dos simples semanas pero era algo.
Recuerdo que la noche anterior al viaje estaba en mi habitación con cúmulos de ropa tirada a mi alrededor, una pequeña maleta con un frágil cierre y yo, sentada en medio de todo preguntándome QUÉ es necesario para irse y qué no; mi ropa formaba cordilleras y mis zapatos uno que otro bache de carretera, las paredes blancas me recordaban a las nubes, las vería por tanto tiempo en este viaje...nunca dormí, pasé toda la noche hablando por teléfono en una de esas llamadas donde nadie quiere colgar.
Llegué al aeropuerto a las 5 de la mañana, el sol no se dignaba a aparecer y tenía frío, o quizás eran tan solo mis nervios...pasé toda la "tramitología" que debía pasar y listo estaba en la sala de espera a mi mayor terror, las alturas.
Me subí al avión, tomé mi asiento detrás del ala derecha y me até de manos, los asientos eran suaves aunque tiesos, el blanco de la estructura curva a la que estaba arrimada que poseía una ventana cubierta de plástico estaba fría y me hacía alejarme de ella y a la vez querer permanecer cerca a ella.
El espacio que tenían mis pies era poco sin embargo se empeñaban en bailar de un lado al otro, mi cabeza estaba muy distanciada del techo del cual salía una luz y un ráfaga de aire, estaba cómoda y no lo estaba.
Mi hermana iba sentada junto a mi pero ella iba dormida, yo solo tenía mi ventana a la cual ver para no temer o ver para seguir temiendo.
Al despegar pude ver la inmensidad de la ciudad, carros que a lo lejos parecían ser de juguetes, edificios alzados de cartón movidos por el viento, todo tan falso sabiendo que es verdadero.
Luego pasé a ver la inmensidad del mar, azul tan oscuro y por fragmentos claro, mucho como si una sábana de corales se extendiera debajo de ellos, probablemente lo hacían; en algunos casos divisaba cosas más extrañas, vi un crucero, parecía un patito de goma, vi cuba, parecía una goma de mascar embarrada en el piso.
El avión era grande, se disponían 9 hileras de asientos, divididas en columnas de 3, con un pasillo estrecho como cuando se quiere caminar por la metrovía y tropiezas con rodillas y demás objetos, así de complicado.
No me gusta la sensación que me dan los aviones porque me recuerdan a destino final 1 dónde el muchacho tiene la premonición y luego el avión explota. Este avión no era tan diferente excepto por el hecho de que no explotó, habían televisores donde pasaron shrek 3, lo cual me hacía pensar en casa, no es que vea mucho shrek en casa pero me la recordaba.
El baño del avión era un minúscula cuarto que cuando te introducías en él era como meterte en el closet de las escobas y demás, es pequeño y tiene tantas cosas además de la bendita luz de "Vuelva a su asiento" siempre encendida en rojo, uno no puede ir ni al baño tranquilo.
Lo que me gusta de los aviones es la gran alfombra que se extiende a todas partes, inclusive el baño, es suave y puedes recorrerla sin zapatos libremente, es como estar en casa y aún mejor, no tienes que limpiar nada.
Creo que en el fondo si me gustan los aviones, ese blanco pálido me recuerda a mi habitación y eso a las nubes, sí quizás si me gusten los aviones.
PD: no sé si cumplí la consigna, siéntanse libres de criticar ese hecho.
La verdad opino lo que tú mismo acabas de decir al final, la consigna quedó al aire. Está la situación previa al viaje, las sensaciones y los espacios del avión pero se quedó la intriga de cómo y qué se vio en el gran país del norte.
ResponderEliminarMe gustan tus descripciones, pero siento y tengo la ligera sospecha de que no cumpliste con la consigna. Sin embargo es plausible la descripción que haces sobre los instantes previos a tu viaje, y como era el espacio en ese instante.
ResponderEliminarJulie, la consigna está cumplida, creo, yo encuentro bastante descripción en lo que escribiste.
ResponderEliminarLa consigna está cumplida. Es la descripción de un viaje que se detiene en el instante previo e, inclusive, en el preciso momento en que el avión toma vuelo. Me gustan las metáforas utilizadas para describir la perspectiva que se obtiene desde esa altura (comparar un crucero con un "patito de goma"; a Cuba, con "una goma de mascar embarrada en el piso"). Bien.
ResponderEliminarNo me quedó muy claro si fue la primera vez (en toda tu vida) que tomaste un avión o la primera ocasión en que lo hiciste para dirigirte al "país del norte". En caso de que sea lo primero, hubiese sido bacán dejarlo más en claro: todas tus impresiones hubiesen cobrado mayor importancia por tratarse de una experiencia "nueva".